sábado, 21 de diciembre de 2013

Aquel equipo del Barrio.



Siempre que me encuentro a los amigos del barrio solemos acabar hablando de aquel equipo que de niños habíamos montado en el barrio. Las vacaciones de las Navidades de antes no son el caos y estres de la actualidad, donde todo el mundo parece que le va la vida en ello. Entonces había tranquilidad, mucha tranquilidad y las pandillas de cuando eramos niños nos pasábamos todo el día en la calle jugando. Entre partido y partido en el Vergel, la Alameda o en el  "campo" de Pazó en Mollabao, la rapazada de la Rúa Nova habíamos decidido en aquéllas Navidades del 72 que era hora de tener un equipo en el barrio.

Con círculos la Rúa Nova, el Paseo de Colón, el
Vergel y la calle Monteleón donde yo vivía.
Los chavales que vivíamos en las calles del barrio y que conformaban la "pandilla" eran los hermanos José Manuel y Francis Lorenzo, José Antonio y Manolo Couto y "Nené "Sanmartín, Tony, Monchiño Pintos, un servidor, Jose Valero y después estaban los "acoplaos" Paqui Montes de la Rúa Nueva de Arriba y Manolo Pajariñó de La Peregrina, éste último no sé como "apareció" en el barrio..., pero ahí se quedó. Poco a poco y después de muchas "reuniones" buscando un nombre se decidió que le íbamos a poner nombre al equipo: el "Chelsea", aportación del "intelectual" del grupo José Manuel Lorenzo y en el que todos estábamos de acuerdo, a pesar de que algunos no sabíamos que era eso. Y es que el equipo de "Mouriño" ─hoy─ entonces pululaba por la Segunda División inglesa.
El siguiente paso fue dotarnos de equipaje y, como nó, después de varias visitas a la juguetería de Chacón en Daniel de la Sota, se decidió que iban a ser verdes y blancas, vamos como las del Betis. Las diez camisetas ─el portero, osea yo, no usaba─ nos iban a costa 900 pesetas. Fueron unas vacaciones navideñas del 72 bastante ajetreadas ya que nos pusimos a vender cerillas casa por casa con la disculpa de que era para una excursión del colegio y alguno tuvo la desgracia de llamar a alguna puerta y que saliera su profesor y echarle la bronca con el consecuente castigo colegial. Una vez reunido el dinero nos fuimos directo a Chacón y en una semana teníamos las camisetas. Hasta nos habían regalado una botella de agua de las que decían entonces que era "milagrosa.".
Era todo un espectáculo vernos salir equipados en el campo del Vergel o en el de "Pazó" donde allí jugábamos partidos contra los equipos de Johnny o contra el de Zarazo y de la barriada de Mollabao, con éstos últimos intentando no llegar a las manos para no acabar en la ortigueira que rodeaba la finca de "Pazó". Así nos pasábamos todos los sábados hasta que llegó la apótesis: el partido en Portonovo.
Vivía en la Rúa Nova de Abajo una señora que se llamaba Rosalía con su escandaloso loro, tenía muchos hijos, casi todos emigrados en Francia y además alquilaba habitaciones. En ese tiempo tenía de inquilino a un rapaz de Portonovo con el que hicimos migas y conseguimos "pactar" un partido contra los chavales de Portonovo.  La semana previa al partido hablamos de que teníamos que tener las camisetas lavadas para estar presentables en el puerto mariñeiro.
En esa explanada del Puerto jugamos los chavales
de la Rúa Nova de Abajo el "partido del siglo"
Llegado el día, sábado, después de comer enfilamos hasta la Central de Autobuses en la calle General Mola (hoy Gutiérrez Mellado) y despues de subir al Autobús de La Unión cogimos la autopista de Michelena y en dirección al Puente de La Barca y con destino Portonovo donde nos esperaba el "partido del siglo". Alli en la villa marinera nos cambiamos en un bajo al lado del puerto y salimos en fila de uno como si fuéramos el Pontevedra en Pasarón. Nos esperaban casi todos vestidos de calle en la explanada del puerto y con un árbitro ─casero, eso si─ un par de piedras en cada extremo y un balón de caucho comenzó el partido. No había gente. El resultado lo de menos, no teníamos entrenador, no había tácticas, corríamos detrás del balón como se hacía antes y nos iba la vida en ella, estaba en juego el honor del equipo y del barrio. A los cinco minutos había gente viendo el partido por todos lados, de vez en cuando caía el balón al agua y se paraba el juego hasta que una barca la traía de vuelta. Hubo primera, descanso y segunda parte y al final acábamos 2-2, recuerdo que había parado un penalty, no se como, pero lo había parado y me sentía un héroe porque todos me vinieron a felicitar. Acabado el partido y de como si hubieramos jugado la Copa de Europa nos tomamos un merecido bocadillo que nos habían preparado nuestras familias, en mi caso mi abuela.
Toda esa aventura de nuestro equipo duró un par de meses más hasta que algunos decidimos que el fútbol formaría parte de nuestra vida e ingresamos en la base del Pontevedra. Lo que empezó con una bonita historia de unos niños que se iban a comer el mundo con el "Chelsea" acabó en la rutina de los entrenamientos de un equipo "profesional" y poco a poco se fue deshaciendo la pandilla de rapaces de la Rúa Nova, aunque 40 años después lo seguimos recordando con nostalgia y cariño.

PD: En la foto de arriba (aunque algunos con unos añitos menos) todos los niños que conformábamos el equipo del barrio: el "Chelsea". Faltan Monchiño Pintos y Paqui Montes, el primero, desgraciadamente no tiene fotos de niño y, el segundo, la estoy esperando via mail pero debe estar dando la vuelta al mundo porque ya va para tres años y... no da llegado Paquito.

FELICES FIESTAS A TODOS. Estamos de vuelta después de unos meses bastante ocupado.

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